Los castillos se construían en alto. ¿Ventajas? Dos. Por un lado, controlaban más leguas a vista de catalejo (si lo había). Por otro, a ver quien era el guapo que subía hasta arriba y todavía le quedaban fuerzas para conquistar siquiera dos palmos de tierra.Ahora los castillos se construyen en los valles. Son pequeños refugios en nuestra mente para recoger cuanto más mejor. Ya no está prohibida la entrada. A cambio, animamos a los extraños a que entren en nuestros salones para que nos cuenten. La condición: ellos si quieren salen, pero el conocimiento se queda dentro. ¿Hay quien sigue construyendo los castillos en alto? Por supuesto, pero ya no es norma. El que se quede en la cima verá como los visitantes pasan de largo, en busca de moradas más acogedoras.
Otros, sin embargo, son más originales aún. ¿Para qué quedarse en palacio o ir a visitar otros cuando pueden llevarse la fortaleza a cuestas? En la ría del Guadalquivir el Javier, castillo, surca las aguas con su señor a bordo.



























